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Andujar, ciudad andaluza por excelencia, siente desde antiguo una gran afición al mundo de la tauromaquia, fiesta de raza y pasión que surge del encuentro del toro bravo y encastado con el valor y arte del hombre, maestro de cuchares y discípulo de la gloria. Reseñas literarias nos informan de la celebración de festejos taurinos dentro del marco urbano histórico de la ciudad con motivo de conmemoraciones religiosas y lúdicas, concretamente en la zona actual de la Plaza de España. Con anterioridad a la construcción de la actual Plaza de Toros, la celebración de actos taurinos se realizaba en el antiguo coso situado en la zona denominada “El Molinillo” que se encontraba comprendida entre las calles Hornos y Pablillos, hallándose en esta última, la puerta desde la cual se introducía el ganado a lidiar, que desde su ganadería de origen, venían caminando entre cabestros y caballeros mayorales, entre perfumes de sierra y campiña, acordes con el sonar flamenco de las aguas del Guadalquivir, pórtico de un peregrinar que finalizaba con su travesía urbana hasta los chiqueros del coso andujareño.
La actual Plaza de toros se construye a finales del Siglo XIX, utilizándose el sistema de excavación de tierras, en el que trabajaron arduamente bastantes arrieros y braceros de la ciudad hasta conseguir la edificación del coso bajo el nivel del suelo.
Su portada es de estilo neo-árabe o mechur. Fue inagurada el 25 de Julio del año 1.898 con una corrida de toros en la que se lidiaron reses de la ganadería de S. Jacinto Tres Palacios, siendo su matador el gran maestro Rafael Bejarano “Torerito” con su correspondiente cuadrilla, siendo noticia histórica el que, siguiendo con la reglamentación taurina de la época, los caballos de los picadores no podían portar petos de defensa, lo que ocasionó la muerte de siete caballos.
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